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David Manzur: “Sigo como si tuviera 20, pensando en cómo voy a evolucionar más”
A los 96 años de edad, el pintor colombiano David Manzur expone por primera vez en París con una muestra de 19 obras titulada “Evolución”. Hablamos con él sobre su trabajo
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David Manzur: el arte como una evolución permanente
A los 96 años, el maestro colombiano presentó Évolution, su primera exposición individual en París. Con 19 obras entre pinturas y dibujos, la muestra reúne trabajos recientes y piezas desarrolladas durante la última década, y confirma una búsqueda artística que continúa abierta a nuevas ideas, formas y contenidos.
Por Más Arte Más Ciudad
La trayectoria de David Manzur constituye uno de los capítulos más singulares de la pintura colombiana contemporánea. Con más de siete décadas dedicadas al arte, el artista nacido en Neira, Caldas, el 14 de diciembre de 1929, llegó a París con Évolution, una exposición individual que representa un nuevo momento en su recorrido creativo.
Presentada en el histórico Hôtel de l’Industrie, en el barrio de Saint-Germain-des-Prés, la muestra reunió 19 obras entre pinturas y dibujos, con piezas recientes y otras realizadas durante la última década. La exposición pudo visitarse hasta el 28 de octubre de 2026.
Más que una revisión retrospectiva, Évolution propone una mirada a la transformación de un lenguaje artístico que, lejos de permanecer anclado en sus hallazgos anteriores, continúa explorando nuevas posibilidades expresivas.
Evolucionar también significa cuestionarse
En la entrevista concedida a Andrea Jaramillo Caro para El Espectador, Manzur reflexiona sobre la necesidad de mantener abierta su práctica artística. La evolución, en su caso, no se limita a modificar una técnica o introducir variaciones formales: implica revisar sus propias ideas y buscar nuevas maneras de abordar el color, la composición y el contenido.
Esa actitud permite comprender la diversidad de obras reunidas en París. Algunos de sus motivos recurrentes regresan transformados, mientras otros adquieren nuevas dimensiones a través de asociaciones musicales, referencias históricas y escenarios imaginarios.
El resultado es una obra figurativa que no pretende limitarse a describir lo visible. Las figuras, los objetos y los espacios funcionan como vehículos de evocación, capaces de sugerir situaciones y emociones que van más allá de la imagen representada.
Entre la memoria y la imaginación
Neira ocupa un lugar fundamental en el universo visual de Manzur. Aunque abandonó Colombia durante su infancia, los recuerdos de sus primeros años y la imagen idealizada de su lugar de origen permanecieron como una referencia constante.
En su obra, ese territorio se convierte en un escenario imaginario donde conviven personajes, caballos, figuras femeninas, escenas fantásticas y referencias a la historia del arte. No se trata necesariamente de reconstruir un paisaje real, sino de convertir la memoria en materia pictórica.
Entre los motivos que reaparecen en su producción están San Jorge y el dragón, las damas misteriosas y distintas representaciones de mujeres y músicos. Son imágenes que establecen vínculos entre la tradición figurativa y una interpretación personal de la realidad.
La imaginación, en este contexto, no se opone a la memoria: la transforma. Los recuerdos se mezclan con referencias culturales y elementos fantásticos hasta configurar un universo visual propio.
La música como impulso creativo
La música también ocupa un lugar destacado en el proceso de Manzur. En su conversación con El Espectador, el artista explica cómo determinadas composiciones pueden desencadenar asociaciones visuales y conducirlo hacia nuevas ideas.
La cantata Ave Maria, de Giuseppe Verdi, inspiró una serie de imágenes relacionadas con mujeres, partituras e instrumentos musicales. En lugar de representar personajes de manera estrictamente descriptiva, Manzur desarrolla figuras idealizadas que parecen situarse entre lo reconocible y lo imaginario.
La música actúa así como una estructura emocional: su ritmo, sus atmósferas y sus asociaciones se convierten en estímulos para la creación plástica.
Esta relación entre sonido e imagen revela una característica central de su trabajo: la posibilidad de trasladar una experiencia de un lenguaje artístico a otro sin que pierda su dimensión evocadora.
La pintura frente a la violencia
La obra de Manzur también aborda episodios de violencia y destrucción. Entre las piezas relacionadas con esta preocupación se encuentra Bojayá (2019), trabajo en el que el artista se aproxima a la tragedia ocurrida en esa población del Chocó y al ataque contra su iglesia.
La pieza muestra cómo la pintura puede convertirse en un medio para confrontar acontecimientos históricos y expresar una posición frente al sufrimiento humano.
En este ámbito, la figuración no funciona únicamente como representación de un hecho. La composición, la fragmentación y la disposición de las figuras contribuyen a construir una experiencia visual que interpela al espectador.
Esta dimensión de su obra dialoga con una tradición artística en la que la imagen se convierte en testimonio, reflexión y memoria. Para Manzur, el desafío consiste en traducir una realidad compleja a un lenguaje plástico que conserve su intensidad emocional.
El asombro como experiencia estética
Una de las ideas que atraviesan las reflexiones del maestro es la importancia del impacto emocional de una obra. Su aproximación al arte privilegia la capacidad de una imagen para despertar asombro, inquietud o una respuesta sensible que no siempre puede expresarse mediante palabras.
Esta postura plantea una cuestión relevante para la pintura contemporánea: ¿qué ocurre cuando una obra consigue comunicar una experiencia que el lenguaje verbal no alcanza a describir por completo?
En el universo de Manzur, la respuesta se encuentra en la relación entre la imagen y el espectador. La pintura no termina en lo representado; continúa en las asociaciones, emociones e interpretaciones que suscita.
Por eso, sus figuras pueden resultar simultáneamente familiares y enigmáticas. Su trabajo se mueve entre la tradición y la invención, sin renunciar a la posibilidad de producir nuevas lecturas.
París: un nuevo capítulo
La presentación de Évolution en París constituye un acontecimiento significativo en la trayectoria internacional del artista. La ciudad, vinculada históricamente con importantes transformaciones del arte moderno, ofrece un escenario para poner en diálogo su producción con públicos y tradiciones culturales diversas.
La exposición también permite observar la vigencia de una práctica que no entiende la experiencia acumulada como un punto de llegada. Por el contrario, la trayectoria se convierte en una plataforma desde la cual seguir investigando.
A sus 96 años, Manzur continúa trabajando desde su taller en Barichara, Santander. Su disciplina, la concentración y la disposición a reconsiderar sus propias soluciones forman parte de un proceso que se mantiene activo.
Évolution adquiere así un sentido que trasciende el título de una exposición: expresa una manera de entender el arte como búsqueda permanente, donde cada obra puede abrir nuevas preguntas.
La historia de David Manzur recuerda que la creación artística no depende exclusivamente de la novedad ni de la ruptura con el pasado. También puede surgir de la capacidad de volver sobre los propios temas, descubrir nuevas relaciones y transformar una experiencia acumulada en posibilidades todavía inéditas.
Porque evolucionar, en el arte, no significa dejar de ser uno mismo, sino encontrar nuevas maneras de mirar, interpretar y representar el mundo.
Fuentes de referencia
Andrea Jaramillo Caro, El Espectador, «David Manzur: “Sigo como si tuviera 20, pensando en cómo voy a evolucionar más”», 24 de octubre de 2026.
El Colombiano, «“Es un estímulo para seguir”: David Manzur expone en París, a los 96», 25 de octubre de 2026.
Galería Duque Arango, información de la exposición Évolution – David Manzur, París, octubre de 2026.
